Es indudable que lo que más excita las apetencias literarias del lector es saber que el autor ha sido encarcelado por sobreexcitar la libinosidad de millones de compatriotas. Groucho Marx.

martes, 7 de septiembre de 2010

Caos.

Los artistas a veces somos un poco así, algo desordenados. Encima de mi cama puedes encontrar la almohada sí, y también ropa, libros y hasta una guitarra sin una cuerda. Pero todo nos dice algo, por eso evitamos en cierto modo el orden, sí, sin sentido. Tampoco tiene sentido que me peine por las mañanas cuando sé que al irte a despertar tendré el pelo más alborotado todavía y paso de lavarme la cara porque me gusta el aire que me da el pintalabios extendido hasta el carrillo izquierdo, en parte me recuerda a ti, tan desordenado y desorientado como yo. El suelo está lleno de cosas, mira ahí, está tu calcetín al lado de mi cámara de fotos que nos observa en silencio. Si intentamos salir me agarras de la mano con cuidado de no pisar nada, bueno, me agarras de la mano o te coges del pañuelo que cuelga sobre la estantería, quién sabe. Ya no voy a discutirte ni a contarte más detalles porque lo que quiero es que vengas a verlos tú, que encuentres el pincel que se me calló ayer debajo de la cama y me dibujes una sonrisa o que te escondas bajo las sábanas, me da igual, pero déjate de tonterías. Los errores están para cometerlos y ya luego, si eso, arrepentirse. Pero qué se le va a hacer, tu calcetín está por ahí perdido y yo con mis ganas de más, de tus brazos y de tus abrazos. Soy así de desordenada y todo me dice algo. Ahora no sé dónde te tengo pero sigo mi orden en mi caos, por éso sé que te acabaré encontrando.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Firmín.

La verdad es que nunca ha estado bien de la cabeza. Lo que pasa es que él no ataca molinos de viento. Hace algo peor: sueña con atacar molinos de viento, está deseando atacar molinos de viento y a veces imagina que ha atacado molinos de viento. Molinos de viento o molinos de cultura... digámoslo de una vez, los más deleitables e irascibles de los objetos, trituradoras eróticas, molinitos lascivos de lujuria, factorías carnales de raros goces, fantasilandias de fornicadores frustrados, cuerpo mismo de las beldades, y, al fina, ¿Cuál es la diferencia? Una causa perdida es una causa perdida. Pero él no se va a obsesionar con esto ahora. Ya se obsesionará más tarde.

domingo, 5 de septiembre de 2010

La vida rima.

No hace falta que me digáis eso de que perdéis la cabeza
por
eso de que sus caderas...

Ya sé de sobra que tiene esa sonrisa y esas maneras
y todo el remolino que forma en cada paso de gesto que da.

Pero además la he visto seria, ser ella misma,
y en serio que eso no se puede escribir en un poema.

Por eso, eso que me cuentas de que mírala cómo bebe las cervezas,
y cómo se revuelve sobre las baldosas y qué fácil parece a veces enamorarse.

Todo eso de que ella puede llegar a ser ese puto único motivo
de seguir vivo y a la mierda con la autodestrucción...

Todo eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor es un cuento que me sé desde el día que me dio dos besos y me dijo su nombre.

Pero no sabes lo que es caer desde un precipicio y que ella aparezca de golpe y de frente
para decirte, venga, hazte un peta y me lo cuentas.

No sabes lo que es despertarte y que ella se retuerza y bostece,
luego te abrace y luego no sepas cómo deshacerte de todo el mundo.

Así que supondrás que yo soy el primero que entiende,
el que pierdas la cabeza por sus piernas y el sentido por sus palabras,
y los huevos por un mínimo roce de mejilla.

Que las suspicacias, los disimulos cuando su culo pasa,
las incomodidades de orgullo que pueda provocarte,
son algo con lo que ya cuento.

Quiero decir que a mí de versos no me tienes que decir nada,
que hace tiempo que escribo los míos.

Que yo también la veo.
Que cuando ella cruza por debajo del cielo solo el tonto mira al cielo.

Que sé como agacha la cabeza, levanta la mirada y se muerde el labio superior.

Que conozco su voz en formato susurro, y formato gemido
y en formato secreto.

Que me sé sus cicatrices,
y el sitio que la tienes que tocar en el este de su pie izquierdo para conseguir que se ría, y me sé lo de sus rodillas,
y la forma que rozar las cuerdas de una guitarra.

Que yo también he memorizado su número de teléfono,
pero también el numero de sus escalones,
y el numero de veces que afina las cuerdas antes de ahorcarse por bulerías.

Que no sólo conozco su última pesadilla,
también las mil anteriores,
y yo sí que no tengo cojones a decirle que no a nada,
porque tengo más deudas con su espalda
de las que nadie tendrá jamás con la luna (y mira que hay tontos enamorados en este mundo).

Que sé la cara que pone cuando se deja ser completamente ella,
rendida a ese puto milagro que supone que exista.

Que la he visto volar por encima de poetas que valían mucho más que estos dedos,
y la he visto formar un charco de arena rompiendo todos los relojes que la puso el camino,
y la he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana: no me hablen de paisajes si no han visto su cuerpo.

Que lo de "Mira sí, un polvo es un polvo",
y eso del tesoro pintado de rojo sobre sus uñas
y sólo los sueños pueden posarse sobre las cinco letras de su nombre.

Que te entiendo. Que yo escribo sobre lo mismo. Sobre la misma.
Que razones tenemos todos...

... Pero yo, muchas más que vosotros.


Y a veces, yo también le quiero por muchas más razones.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Él.

¿Quieres que te hable de él?
Pues él es entre todos los gatos el que consigue trepar a lo más alto de las ramas de la oportunidad. Sus besos saben como el limón después de un trago de tequila. Él es la carcajada de un niño sin malicia y entre todos los árboles de un bosque él es el árbol que me da sombra cuando tengo calor. Es un texto entero lleno de comparaciones que no llegan ni a la suela de sus zapatos viejos. Es esa cara que pone mientras recorre mis piernas con un hielo y yo le llamo "capullo" y también la cara que pone cuando me sopla fuerte en la oreja derecha y escucha "éstate quieto, tontolculo". Porque a veces puede llegar a ser como la bofetada más sonora del mundo o como ese ruido que hacen los pies al patinar en el plato de la ducha, también es como ese lío que te haces con tus propias palabras y también como la sensación que te produce eso, esa sensación de ser un tonta que no sabe como explicarse, como la que tengo yo ahora mismo. Es saber algo que te produce incertidumbre con toda certeza. Es como ese olor que se te mete en la cabeza aunque apenas es perceptible pero se mete ahí dentro y no hay forma de sacarlo. Es ese tono de voz con que me pide que hable un poco más o que por favor me calle. Es como cuando me pregunta por esas cosas que nunca le cuento y ve como me sonrojo mientras él se ríe con los ojos tristes. Es como ese folio vacío que me da miedo y como cuando cojo un bolígrafo y ya nada me puede parar. Es como nuestro idioma secreto a base de gritos mudos y miradas fijas. Es como ese deseo que me provoca y como esas ganas que me dan a veces, cuando me saca de quicio, de morderle una oreja hasta arrancársela o de cortarle los dedos de los píes para que no se ría de mí por usar una talla 37 o dejarle arañazos por todo el cuerpo, vamos, como todas esas cosas que nunca haría porque él sabe que yo prefiero quedarme quietecita en un lado de la cama para que me arrope. Es como nuestras peleas al poner discos de vinilo en mi tocadiscos porque nunca nos ponemos de acuerdo en nada, por éso odio ese poder de convicción que tiene conmigo. Es como nuestra historia, que no es de amor ni de pasión pero es de algo que se le parece y no empieza con un Érase una vez ni nunca me ha llevado a comer perdices porque en nuestro cuento no hay príncipes ni princesas sino un sapo y una rana que saltan entre nenúfares. Es como esa sensación de haber tropezado sin querer con éso que llevabas toda la vida buscando. Como la sensación que tengo de conocerle de toda la vida en vez de llevar apenas un mes enredada en su pelo y entre sus ideas. Es como esa manía suya de querer comprenderme y esa manía mía de querer desquiciarle. Es como cuando nos sentamos el uno frente al otro a contemplar todas nuestras diferencias y sentir como se funden con un simple beso. Es como poder escribir todo un libro sólo hablando de él.
Es que cuando me piden que hable de él no sé por dónde empezar ni cuándo acabar...

viernes, 3 de septiembre de 2010

-Has cambiado desde que nos conocimos.
-¿Ah, sí?
-Desde luego.
-¿Y en qué se supone que he cambiado?
-No sé, en todo... te has hecho mayor.
-¿Por qué lo dices?
-Porque tus zapatos ya no tienen agujeros y en tus converse ya no están escritas nuestras iniciales.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Todo fluye e influye.

Igual me pasa un poco eso, que sin ti me siento vacía pero contigo tampoco estoy llena. Hay momentos en los que sé que tú eres el único que puede llegar a entenderme, que incluso te necesito. Otras veces, en cambio, te desquicio, yo y mis absurdas manías, mis deseos de abrazarte pero mejor otro día. Lo que pasa es que ahora no soy yo, por no ser no soy ni persona. Ahora sólo soy un cuerpo con un cóctel molotov en el interior. De verdad qeu lo siento, pero sólo te pido un poco más de paciencia, que sabes que conmigo nunca sobra. La próxima vez que me mires y me digas "pero mira que estás rara" intenta sonreír porque sabes que es algo temporal, que ya falta poco. Ni eres tú, ni soy yo. Quizá es este mundo que está lleno de mierda y poco a poco nos contagia. Pero por favor, quédate otro rato a mi lado, contigo hay más bueno que malo.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Jugando a no perder.

Ya no es que no arriesgue porque no quiero ganar. Ahora simplemente prefiero no perder. Quien quiere algo lucha y lo consigue, quien no quiere nada se limita a que las luchas no estén demasiado cerca. Resumiendo, he conseguido construir mi corazón con mimbre, se puede doblar antes que partirse. Juré que desde ese momento nadie me volvería a hacer daño, tú no serás el primero. La clave para sobrevivir es evitar las guerras, y más si son con una misma.