sábado, 5 de marzo de 2011
Con los dedos de los pies.
Lo mejor de la vida lo podemos contar con los dedos de los pies, porque son así, pequeñas cosas insignificantes a las que nunca prestamos atención pero no podríamos soportar perderlas y miramos raro a los que tienen de más. Son esas cosas como reírse a carcajadas sin importar el ruido que hagas, unos brazos que se abren para recibirte, filosofar con un mendigo de madrugada, apretar la mano de alguien en quien confías, las miradas secretas con mensajes subliminales, comerse un cuenco de fresas con nata, encontrar una sonrisa que paralice al mundo para cambiar el significado de las cosas, volver a ver a alguien querido después de un tiempo, crear una obra de arte, que me beses en el momento y en el sitio más inesperado. Esos son los diez dedos de mis pies aunque también puede ser como esa canción que se te encadena hasta en el alma y te hace prisionera de las cuerdas de su guitarra.
jueves, 24 de febrero de 2011
All you need is... time.
En pocos días siento que la vida es totalmente distinta, es complicada y sencillísima a la vez. Pienso que todos los secretos más dolorosos y más celosamente guardados son aquellos que todos a nuestro alrededor conocen. Nuestros mayores miedos se reflejan constantemente en el café de por la mañana pero dando un trago amargo podemos superarlos. Convivimos con las cicatrices que nos recuerdan el daño que tuvimos que soportar cuando estaban abiertas, ésas mismas que nos hacen sonreír cuando alguien las besa sin preguntar por su historia. Tragedias absurdas. Sueños absurdos. Lágrimas inútiles. Así me parece la vida ahora.
lunes, 21 de febrero de 2011
190211.
Resta segundos. 432000. tic tac. 630720000. Y los suspiros que se puedan escapar.
Que las suspicacias, los disimulos cuando su culo pasa y las incomodidades de orgullo que pueda provocarte son algo con lo que ya cuento.
lunes, 31 de enero de 2011
De ti, me pone hasta tu forma de reír.

Todos los tópicos de este mundo los rompe él con su nombre. Nunca ha conseguido deslumbrar a nadie por su inteligencia ni tampoco ha sido objetivo de admiración alguna pero a mí me ha enseñado más que cualquier otra persona. Digamos que él apareció una noche de la nada y entre unos tragos de cerveza y conversación de barra de bar me enseñó a quererle sin juzgar ninguna de sus acciones, que su corazón está lleno de rasguños porque es tan grande que no le cabe en el pecho. ¿Quién se iba a imaginar que esa noche todas mis tiritas iban a ser para él? Vamos a joder al amor antes de que el amor nos joda y no podamos seguir jodiéndonos de esa forma tan nuestra.
viernes, 7 de enero de 2011
Sin orden ni lógica.
Suelo confundirme, no sé pensar con claridad, nunca sé lo que quiero pero jamás te mentiría. A veces hago daño a lo que más quiero, ¿qué te voy a decir a ti? Ya no quiero sentir más porque si algo es seguro es que a los sentimientos nunca les hemos importado y me cansa tanta indiferencia.
Siento vértigo cuando me emborracho y tardo menos en equilibrarme que en parar ese maldito tembleque de mis rodillas, que no siempre es a causa del frío. Puedo afirmar que hay cuando no tengo nada, y aún así, puedo con todo, también hay cuando no puedo con nada y, además, ni siquiera lo quiero.
Golpear, resbalar, recibir más golpes, esquivar, te quedas entre la piel y la pared con todas esas heridas que suponen un misterio en la resaca, pero ya da igual, a nadie le va a preocupar, todo es cuestión de no salpicar.
Atrévete a rebelarte, a mandarlo todo a la mierda, a luchar por ser uno mismo. No entiendo el "se mira pero no se toca", quiero mirar y quiero tocar. La vida sin peligro es como un disfraz sin cuerpo, algo pomposo y hueco. Ya sabes, acción y reacción, dentro de poco me reencarnaré en nuestros más sucios instintos.
Ahora apenas soy la indomable locura de nuestras intenciones sin llevar a cabo, me ducho con garrafón barato y despierto intoxicada en gas lacrimógeno. CONFUSIÓN, con eso trato de explicarlo todo. A fin de cuentas la locura nos supone una inmortalidad más a la que sujetarnos y me siento identificada con ella, es una bonita respuesta y bastante estúpida e inútil.
También es verdad que a veces miento con eso de que vivo feliz en mi locura y en mi alegre confusión, que vivo mi placer en la deriva y nada, cada uno a su dilema, el mío hace tiempo que fracasó y sigue en interrogante continuo.
No es tan ingenuo preferir el amor a primera vista a tristes intentos de soledad aliñada con rencor, mejor pasamos de ir de genios y sabios y vamos a perder la cabeza en este mundo rompiendo todo tipo de prohibiciones, empezando por la de no vernos.
Odio tanto a los calendarios como a los horarios, quiero que bailemos un martes a las 2 de la tarde como un sábado a las 4 de la mañana. He aprendido un montón de tonterías, entre ellas a erizarte el pelo, invertir la cromancia de tus preguntas y a besar tus cicatrices sin reproches ni intenciones de ningún tipo.
Me asusta jugar con la gente y puede que haya jugado contigo, aunque a veces dejaba de ser un juego pero jugaba a que no te dieras cuenta. La gente sueña, aspira a llegar a los más alto a sabiendas que luego la hostia será mucho mayor, y así está el asfalto, lleno de trocitos mutilados de soñadores. Soñadores como tú y yo.
He vivido pocos años, los suficientes para dejar en el olvido a personas maravillosas y me trae sin cuidado. Sea o no buena gente, buenagentemente dicho, reniego del mundo. Reniego y me aíslo o puede que no, me sobran carentes motivos para unirme a luchar y la gente empieza a arruinar sus vidas, y con ellas las nuestras.
No hay que darle más vueltas, esto no tiene orden ni lógica. Es sólo eso de sentir que te quieren y hasta poder sentir que lo mereces.
*Gracias a Orión por la inspiración.
viernes, 24 de diciembre de 2010
Noches reversibles de incendios en la nieve.
Últimamente el surrealismo es la base de mi vida y aquí me veo de nuevo llenando unas cuantas líneas con mi insomnio y tu locura. Maldigo a todos esos dioses creadores y egoístas que no me dejan tenerte. Quisiera que estuvieras aquí, apartándome el pelo como de costumbre. Perdón por romper la promesa de no echarte de menos y no nombrar ojalases inombrables. Es que por la tarde volví andando a casa y al pasar por tu calle me pareció escuchar una melodía de guitarra salir por tu ventana y enredarse entre mis cosas. Somos sólo unos cuantos tragos de cerveza entre caladas con sus juegos de indirectas, sus conversaciones filosóficas trascendentales y mi risa de fondo y tus disparatadas conclusiones de después. Tenemos una habitación, sólo una habitación tan pequeña y tan llena de cosas... Que ahí tenemos guardadas nuestras canciones cantadas a susurros, nuestros viajes aún por hacer (con todos esos sitios por conocer) ¡Qué quiero que me lleves a la luna, mi amor! aunque sé de sobra que la tienes escondida debajo de tu edredón. En esa pequeña habitación pude adivinar tus pensamientos y más de una vez tú también adivinaste los míos porque, pese a no tener consciencia de ello, nuestra telepatía fue algo que no tardamos en descubrir. A veces llego a dudar si te quiero, pero sólo durante unos instantes hasta que recuerdo eso que tú me dijiste de "Vamos a querernos, sin llegar al fondo de esto, claro, que me da a mí que es bastante profundo y empiezo a sentir vértigo." Así que no queremos. No nos amamos ni nos odiamos, nos queremos a secas. Ya no pienso más en las notas negativas que conlleva la palabra utopía, porque lo que tú y yo estamos viviendo es una utopía por muchas vueltas de tortilla que le demos. Pero todos necesitamos nuestra dosis de fantasía y poder vivir en nuestra propia utopía. Por el futuro puedes estar tranquilo, aún no existe. Esta noche quiero soñar contigo para que inventes nombres estrafalarios para toda esa constelación de lunares que aparece en mi piel ante tus ojos, y que me pintes una uña de cada color con todos esos pintauñas feos que hay en mi estantería. Esta noche los barrotes de mi ventana no tiene ningún secreto para ti, ni me camisón tampoco.
¿No ves que lo nuestro es raro? Sigue intacto en mil pedazos y no logra romperse...
domingo, 12 de diciembre de 2010
Una cerveza y un té, por favor.
Anoche todo volvió a ser como antes, como antes de que yo saliese de tu casa hace unos días con mi enfado de niña tonta para no escuchar tus gritos ni tener que aguantar tu mal humor. Estuvimos en nuestra mesa de siempre en el bar de la plaza. Nos sentamos, nos miramos y nos callamos. Menuda escena más absurda, tú frente a un botellín de cerveza sin parar de mirarme fijamente y yo, calentándome las manos con una taza de té evitando en todo lo posible que nuestras miradas se cruzasen, tenía miedo de que al encontrarse la tensión hiciera volar todo el universo. Tras ese incómodo instante empezaste a reír, reías como un loco, en mi boca fue apareciendo una sonrisa. Allí estábamos, señores, en esa mesa de siempre mientras reíamos como locos sin poder entender nada. Intentaba encontrar respuestas a todas mis dudas y tú no dejabas de contarme caóticas historias libélulas, marsupiales y duendes sin corazón. Otra pausa muda, silencio con seriedad, otro ataque de bipolaridad. El silencio desapareció con tu "Pequeña, lo nuestro para ti no ha terminado porque este no es final que te esperabas." Te dejé que siguieras contándome tus incoherentes cuentos hasta que...
-Joder, tío, si al menos estuviera segura de que me has echado de menos, un simple te echo de menos puede salvar vidas si se dice en el momento adecuado, ¿Lo sabías?
-¿Qué se suponía que tenía que hacer? Huiste de mi vida porque así lo quisiste y yo lo acepté, me cansé de insistir y me conformé con lo que pudiese venir después, pero si quieres saberlo sí, te echo de menos.
Anoche, en ese momento, todo dejó de existir. Todo excepto él y yo, con un poquito más de vida salvada.
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